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Crónica del territorio

Cerro de las Culebras

Reserva ecológica y último gran fragmento de bosque de niebla a las puertas de Coatepec.

El Cerro de las Culebras no se sube. Se escucha. Quien lo camina por primera vez espera una cima, una recompensa de postal. Lo que encuentra es otra cosa: un silencio espeso, interrumpido apenas por el goteo constante de la niebla condensándose en las hojas, por el llamado de un pájaro que no alcanza a ver, por el crujido de la tierra negra bajo sus botas. El cerro no se entrega. Se revela despacio, como todo lo que vale la pena.

El nombre

El cerro lleva, traducido, el nombre del pueblo que lo mira. En náhuatl, Coatepec se forma de cóatl —serpiente—, tépetl —cerro— y la terminación -c —lugar—: «en el cerro de las culebras». Pero el nombre también vive en la voz de la gente: cuentan en Coatepec que de noche el cerro guarda serpientes que cuidan al pueblo, símbolo antiguo de protección y de fertilidad, emparentado con la diosa Coatlicue. Por eso la serpiente reaparece hoy en los murales y en el emblema de quienes lo defienden.

Andador del Senderito del Bosque de Niebla · Ruta de la Niebla A.C.

Geografía

El cerro se levanta a unos 1,325 metros sobre el nivel del mar, en el municipio de Coatepec, sobre la vertiente oriental de la Sierra Madre, a apenas kilómetro y medio del centro histórico. Es una elevación de origen volcánico, en la franja exacta donde el bosque mesófilo de montaña prospera: suficientemente alto para que la humedad del Golfo se atore y se vuelva niebla, suficientemente húmedo para que nada se seque nunca del todo. Desde su terraza, en los días claros, se alcanzan a ver el Cofre de Perote y el Pico de Orizaba al otro lado del valle. La tierra es negra, profunda. El agua está en todas partes —en el aire, en el suelo, en las hojas, en el sonido.

«Conocer para conservar.»

Biodiversidad

En sus laderas conviven especies que en pocos lugares más de México coexisten. El monitoreo del colectivo, asesorado por el botánico inglés Phil J. Brewster, ha registrado más de cien especies de aves —64 residentes y más de 40 migratorias—: el colibrí fandanguero mexicano, el cuclillo canelo, el carpintero chéjere, el chipe gorro canela. Entre los árboles crece el encino chicalaba (Quercus insignis), que produce la bellota más grande del mundo; el palo blanco, el maple mexicano, helechos arborescentes que son fósiles vivientes, y la orquídea nativa «Gallito». Líquenes que solo crecen donde el aire está limpio cuelgan de cada rama —son el examen de sangre del bosque—.

Historia de una defensa

El terreno que hoy ocupa la reserva fue deforestado en 1991 para abrir una colonia. Las obras se suspendieron cuando, poco después, el cerro fue declarado reserva ecológica de competencia estatal en 1992: unas 39 hectáreas que con los años la mancha urbana ha mordido hasta dejar unas 35. Pero el decreto solo, sin manos que lo cuidaran, no bastó. Durante décadas el cerro fue tiradero, pastizal de chivas, lugar inseguro.

La defensa empezó de a poco. Hacia 2018, don Benito Martínez, vecino de la calle Anáhuac, dedicó un año entero a limpiar y desmalezar el viejo Andador Justo Sierra. En plena pandemia, en 2020, nació Ruta de la Niebla A.C., fundada por el poeta y promotor cultural Miguel Andrade Huerto y la fotógrafa Leticia Arriaga Stransky, junto con el Comité de Amigos y Vecinos del Cerro de las Culebras. Llegaron los murales de 15 metros en la entrada (2021), las jornadas de reforestación, los festivales ecoculturales, las familias que adoptan un arbolito. El andador abandonado se volvió el Senderito del Bosque de Niebla.

La amenaza que sigue

La amenaza no llega con motosierras dramáticas. Llega despacio: un lote fraccionado aquí, el pastoreo y el pasto estrella que impiden la regeneración allá, basura que sube con quien no sabe, y sobre todo el avance silencioso de la mancha urbana de Xalapa-Coatepec.

Pero la herida más honda no la abrió nadie con machete: la abrió una firma que nunca llegó. La declaratoria de reserva ecológica del Cerro de las Culebras se publicó en la Gaceta Oficial No. 54 del 5 de mayo de 1992, con una superficie de 39.28 hectáreas: así sigue inscrita, hasta hoy, en el registro oficial de Áreas Naturales Protegidas del estado. Treinta y cuatro años después, el Área Natural Protegida sigue sin Programa de Manejo. Sin él la protección es papel: un área protegida en el documento y desprotegida en el monte.

Coatepec le presume al mundo un café que nace de esta humedad. Su Plan Municipal de Desarrollo 2026-2029, publicado el 24 de julio de 2026, dedica 168 páginas al futuro del municipio y menciona al Cerro de las Culebras exactamente una vez, en una lista de paseos. Ni una línea sobre el Programa de Manejo. Ni una sobre la zona arqueológica. La única área natural protegida que el Plan nombra por su nombre es otra.

Y en el Sexto Foro Ambiental de agosto de 2026, el programa les reservó su lugar y su hora a la Secretaría de Medio Ambiente del Estado y a la Dirección de Ecología del Ayuntamiento, precisamente para hablar de la gestión del Área Natural Protegida y de ese Programa de Manejo. Ninguna de las dos tomó la palabra. Asistieron como oyentes.

Treinta y cuatro años de trámite pendiente tienen un costo, y no lo paga quien lo dejó pendiente: obliga a la ciudadanía a defender, una y otra vez, lo que la ley ya le prometió proteger. Por eso el colectivo llevó la causa hasta el Congreso de Veracruz, San Lázaro y el Senado de la República: para que el cerro tenga, por fin, certeza jurídica.

«Un bosque de niebla no se reforesta. Se hereda o se pierde.»

Valor cultural

Para Coatepec el cerro no es paisaje de fondo. Es identidad. El café que dio fama mundial al pueblo nace de esta humedad. Y la defensa del bosque se ha hecho, sobre todo, con arte: murales, fotografía, lotería ilustrada del bosque de niebla, talleres de pintura y el encuentro «Poesía al Senderito». No es casualidad —quien encabeza la iniciativa es un poeta, «el poeta de la lluvia»—. Perder el cerro no sería perder árboles: sería perder el espejo donde Coatepec se reconoce.

«El cerro no es de quien tiene la escritura. Es de quien lo camina y lo cuida.»

El recorrido

El Senderito del Bosque de Niebla es un parque lineal de cerca de un kilómetro, organizado en seis estaciones interpretativas. La primera es la terraza de bienvenida, con su mirador de aves; la segunda guarda los mapas del corredor y del cerro; la tercera cuenta la historia de la reserva; la cuarta, «El Árbol de las Almas», es un alto para el descanso y la reflexión; la quinta habla de los servicios ambientales del bosque; la sexta invita a participar. Lleva agua, lleva paciencia, no lleves prisa. El cerro castiga la prisa.

DificultadBaja
Longitud~1 km
Altitud~1,325 m
Estaciones6